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Jaime Altozano celebra el millón de suscriptores aunque su faceta youtuber no tenga límites

Jaime Altozano celebra el millón de suscriptores aunque su faceta youtuber no tenga límites
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Empezó en 2017, convirtiéndose en uno de los creadores digitales revelación. Hizo del 2018 el año de su consolidación y en lo que poco que llevamos de 2019 se ha establecido como imagen recurrente de la televisión generalista (e incluso le han hecho forzado a una aparición en la prensa rosa). Es nuestro divulgador musical de cabecera. La persona que inició junto a Rosalía un nuevo tipo de diálogo cultural y 2.0. El youtuber que gusta a los que no le gustan los youtubers y que desde el pasado mes de diciembre supera el millón de suscripciones en la plataforma.

Todo lo que quisiste saber sobre Jaime Altozano y no te atreviste a preguntar

Durante las pasadas navidades, algún diosito digital ayudó a Jaime Altozano a convertirse en creador de oro. Un millón de suscriptores para un divulgador musical solo puede ser sinónimo de que aún queda esperanza en el ser humano y de que existe algo más allá. Una cifra que, tras los encuentros familiares del 24 y 25 de diciembre, en WATmag celebramos repasando algunos de sus vídeos clave a la espera de que el propio youtuber compartiera alguna publicación audiovisual al respecto. Un clip que se ha hecho esperar pero que ha valido la pena.

Su recurrente presencia televisiva unida unido a su trabajo en YouTube o sus colaboraciones offline, han retrasado una celebración que ya ha llegado en forma de 'Todo sobre mí'. Un vídeo de curiosidades realizado sin trazas del clickbait con el que se suele impregnar este tipo de publicación. Casi cuarenta minutos donde Jaime Altozano da respuesta a algunas de las preguntas que todos nos hacemos cuando vemos sus clases musicales en la plataforma propiedad de Google.

Divididas en bloques relacionados con la vida personal, YouTube, música y lifestyle random (la cuestión sobre la araña es el paradigma de ello); Jaime Altozano no ha rehuido preguntas que otros videocreadores podrían dejar en el misterio o únicamente para ser respondidas en el programa de David Broncano. Una manera elegante de no dar la cifra exacta de lo que gana pero poniendo el mínimo en lo mileurista o reconocer, no sin queja, que pierde "decenas de millones de visitas desmonetizadas por el tema copyright".

La pasión de Jaime Altozano y lo poco que lleva en la plataforma lo alejan de posiciones más críticas como las que comparten creadores más veteranos como Rubius o AuronPlay. Aún así, el músico transmite ser un gran conocedor de la profesión youtuber y demuestra tener bastante controladas todas sus aristas. Un ejemplo de ello es lo que cuenta respecto al control de la audiencia. Altozano no busca el click por el click y prefiere un público afin. Por ello prefiere oscilar en la temática de los vídeos para que el fan más purista salga del canal.

No quiere ser "el youtuber de la música clásica" ni "el de las bandas sonoras"

Relacionado con su afán por el control pero que nunca busca una zona de confort, encontramos otro de los puntos más destacados de su último vídeo. A través de varias respuestas similares a la que funciona como explicación de su concepto "echar audiencia", Jaime Altozano realiza pequeñas confesiones que se convierten en un retrato del Altozano artista. Del youtuber más puro que lleva dentro. Un ejemplo claro de ello se encuentra al inicio, cuando argumenta la constante huida contra las etiquetas.

Etiquetas

Los medios de comunicación somos muy dados a ellas y a los encasillamientos. Coletillas con las que asociamos a los artistas, políticos, futbolistas o investigadores de los que hablamos. Aunque no fuera nuestro caso (porque ni existíamos), a la prensa le bastaba con un par de vídeos sobre Bach para encorsetar a Altozano como "el youtuber de la música clásica". Etiquetas que provocaban un movimiento en el músico, saltando de temática en temática para evitar un calificativo que no le definía.

Pero tal y como explica Jaime Altozano en el vídeo, su trabajo habló por él y todas esas etiquetas se fueron esfumando. Igual que los espectadores que buscaban algo que él no tenía porque darles. Y al final se quedaron los que el youtuber quería: más de un millón de suscriptores.

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