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Las influencers que cobran 75K dólares de marcas por hacer malas reviews de la competencia

Las influencers que cobran 75K dólares de marcas por hacer malas reviews de la competencia
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Famosos, artistas, periodistas, activistas, expertos. Personalidades y autoridades sociales que influyen en una comunidad. Sí, aunque el naming sea más o menos reciente, influencers han existido siempre. Pero desde hace una década, con la masificación de los blogs y el nacimiento de las redes sociales, los hemos asociado al 2.0 y a un segmento muy concreto: la belleza.

Las beauty influencers forman parte ya de la industria de la moda y la cosmética. Son una herramienta más dentro de las estrategias de márketing de las empresas. Figuras idealizadas por sus seguidores a las que recurrir para vender tus productos. Con el transcurso del tiempo y el boom de la profesión que se ha transformado en la masiva proliferación de influencers, parece que se ha perdido la esencia y han llegado las malas prácticas.

Pérdida de la esencia, búsqueda de fama y precios disparados

Marlena Stell es CEO de Make Up Geek e influencer. Es decir, está en ambos lados de la mesa. Viendo la evolución que ha sufrido la comunidad de la belleza en la última década, esta semana se atrevió a realizar un vídeo que denunciaba desde la introspección y la reflexión lo más negativo de la industria:

“Ahora hay miles de influencers y no hay pasión por el maquillaje, sólo por hacerse un nombre. Sólo quieren ser famosas. Ya no hay amor por lo que se hace”.

Stell habla de la escalada social de las influencers. Más pasta para ellas y menos retorno para las empresas: 60 mil dólares por vídeo y 20 mil por un post en Instagram. Una publicación en su canal de YouTube que parece haber servido de detonante para sacar a la luz más cifras y más voces que permanecían calladas. Es el caso de Hey Aprill, una influencer especializada en el cuidado de la piel.

La denuncia pública que puede cambiar la dinámica de las beauty influencers

Tras consultar al representante de una influencer top para que hiciera publicidad de una marca, a Hey April le dieron los siguientes precios: 25 mil por una mención, 50-60 mil por un vídeo y, here we go, entre 75 mil y 85 mil por una review negativa de productos de la competencia.

“Prácticas mafiosas” en palabras de Aprill, la cual considera que el sector tiene que parar y la FTC (la Comisión Federal de Comercio) norteamericana tomar cartas en el asunto. Legal o no, que personas dentro de la industria denuncien esta práctica por parte de algunas influencers, hablan de una corrupción moral y de algo que apuntaba Marlena Stell en su vídeo: ya no hay pasión y sólo búsqueda de fama y dinero.

¿Y qué pasa en España?

“Creo que en España todavía estamos lejos de esto porque las reviews tratan más a cerca de la experiencia de un producto antes que de una crítica”. Habla Patricia Benavente, que tras 5 años trabajando en marketing dermocosmético (Laboratorios BABÉ o Casmara Cosmetics) y llevando la relación directa con influencers entre otras tareas digitales, nunca se ha encontrado este tipo de prácticas.

Las cifras que se manejan en España distan mucho de las de Estados Unidos. En El Periódico apuntaron unas cifras que oscilaban entre los 80 euros en Twitter o Facebook y los 10.0000 que las influencers top (más de medio millón de seguidores) pueden cobrar por vídeos en sus canales de YouTube. Pero no sólo se mueve menos dinero en la industria patria. Las premisas, los objetivos y las líneas editoriales de marcas y beauty bloggers parecen ser más puros.

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