Juan Manuel Rojas, arquitecto:"Si hoy tuviésemos albañiles como los que hicieron la Plaza de España, yo diseñaría una plaza así"

  • El fundador de Hombre de Piedra Arquitectos lamenta que el oficio de albañil haya perdido cualificación y orgullo artesanal

  • Defiende que la vivienda que hace falta solo puede llegar con producción industrializada, y calcula que España necesitaría un millón de albañiles

Plaza Espana
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Juan Manuel Rojas, arquitecto sevillano, tiene una forma muy gráfica de explicar cómo ha cambiado la obra en España: con los albañiles que levantaron la Plaza de España, asegura, él diseñaría la Plaza de España, pero esos albañiles ya no están. Lo contaba en una entrevista de ABC Sevilla, donde lo resumía así: "Si yo tuviese los albañiles que hicieron la Plaza de España, yo diseñaría la Plaza de España, pero desgraciadamente no tengo esos albañiles".

Rojas es fundador, en 2002 y junto a Laura Domínguez, del estudio Hombre de Piedra Arquitectos, con más de 25 años de oficio y un papel pionero en Andalucía en arquitectura industrializada. Da clases de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla y forma parte de AIC (Arquitectura Industrializada Colaborativa), un grupo intercolegial del Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla y del COAT que empuja la industrialización de la construcción.

En su currículum, según ABC, caben el Premio Andalucía Inmobiliaria al mejor proyecto innovador por la Terminal de Cruceros del Puerto de Sevilla y el Premio Rebuild Advanced Architecture a la mejor obra industrializada por la Casa Escondida. Y su tesis es que harían falta un millón de albañiles para sacar adelante las viviendas que se necesitan, de modo que esa carencia sería una razón más para fabricarlas en una factoría y no a pie de obra.

Juan Manuel Rojas 1

Rojas recuerda que antes, ante un maestro albañil, uno tenía "muy poco que decir" (porque sabía cómo labrar el muro y, en su opinión, casi todo lo hacía mejor que el arquitecto), mientras que ahora, sostiene, "no te puedes fiar de nadie" y lo que ocurre en las obras es un peligro por falta de cualificación. Son palabras duras, aunque conviene leerlas como lo que son: el diagnóstico de un arquitecto, no una estadística.

Su explicación pasa por el sueldo y por el orgullo. Quien se dedica hoy a las profesiones manuales, las que se consideran de bajo nivel porque se pagan mal, lo hace según él porque no tiene otra salida. Antes había un orgullo de trabajador y de hacer bien las cosas, ligado a un oficio que a menudo se heredaba (el maestro albañil lo era porque lo había sido su padre), y ese orgullo artesanal, junto con el valor de lo manual, "se ha perdido".

Eso sí, Rojas no pide volver atrás. Admite que en una sociedad avanzada puede sostenerse una artesanía rayana en el arte, que se paga a otro precio, y se confiesa fascinado cuando ve en cualquier pueblo cómo se trabaja el barro. Pero el bienestar de una sociedad, advierte, no puede descansar en el trabajo artesano: desde la revolución industrial casi todos los objetos que nos rodean los fabrica la industria, y la gente los tiene porque el precio bajó, así que lo que ha sostenido nuestro bienestar es una producción muy alta de productos baratos.

Artesanía e industria pueden convivir, concede, aunque trabajar con las manos como un alfarero es hoy un lujo y debe pagarse como tal. Y de ahí salta a la vivienda: según él, "no se puede resolver el problema de la vivienda con artistas", y lo que se necesita es una producción masiva y económica, es decir, industrializada.

Preguntado por el nivel de los arquitectos andaluces, Rojas responde que el de los españoles en general es de los más elevados de Europa, por su gran capacidad técnica, y que su afán es poner esa capacidad al servicio de la construcción industrializada. Añade un dato que él mismo califica de curioso y digno de estudio: los arquitectos españoles son, dice, los europeos con más responsabilidad sobre la obra y, a la vez, los que menos cobran por honorarios, junto a Bulgaria y Rumanía, una distorsión que a su juicio también lastra la capacidad de producir viviendas.

Tras la crisis de 2008, muchos arquitectos se reinventaron o se fueron fuera de España, y a bastantes de los que se marcharon les ha ido bien, reconoce. Lo que le parece triste es que otros países aprovechen la inversión que la sociedad española hizo en su formación, y ve en la arquitectura industrializada una regla nueva que podría traerlos de vuelta, porque, sostiene, hacen falta todos para pensar cómo se hacen las viviendas que vienen.

Imagen | Wikimedia

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