Cada domingo hay arroz en la mesa de Ana Duato, lo confirma ella misma al decir textualmente que “sigo haciendo arroz todos los domingos para mantener la tradición familiar”. La revista revista Sobremesa atribuye el hábito a una familia a la que, en sus palabras, “la mesa y el buen comer nos han unido mucho”. Por su parte, Miguel Bernardeau, su hijo, lo resume a su manera: “Mi madre, mis abuelos, mis tíos y mis primos son valencianos, así que soy de paella”. Ese vínculo con Valencia reparte las raíces de ambos entre la ciudad donde creció ella y Bétera, el pueblo de masías del Camp de Túria donde él pasó parte de su infancia.
Madre e hijo nacieron en Valencia, ella el 18 de junio de 1968, y él el 12 de diciembre de 1996, aunque Miguel no creció en la ciudad. De hecho, no ha vivido en ella, pero ha ido muchísimo, y uno de sus destinos fue la masía de sus abuelos en Bétera. En una ocasión comentó a los medios que sus abuelos “tenían una masía antigua donde había seis perros gigantes. Allí aprendí a cuidarlos”.
Ana Consuelo Duato Boix creció en la Valencia de los años setenta, en una casa donde la comida ocupaba un lugar central. Su padre, Joaquín Duato, era socio del club de vinos Vinoselección cuando ella concedió aquella entrevista de 2013, y lo describe como “una persona que le gusta el buen vino, le gusta el buen comer”. Sin ir más lejos, su hermana, Zulema Duato, es sumiller y cocinera.
De esa cocina familiar le viene su forma de entender el plato que mejor representa a su tierra. Ante la paella no da recetas cerradas, y afirma que “hay 365 formas de hacer el arroz, una para cada día del año, sin cansarte”. Para ella, la mejor es “la que haces con unos amigos a fuego de leña”, dato que El Hormiguero, detalló indicando que ella echa pollo, conejo, garrofó, judía verde y alcachofa, si es temporada.
Ese arroz nace a pocos kilómetros de su casa, en los arrozales de la Albufera, el lago que se extiende al sur de la ciudad. Además, la Valencia de su infancia guarda la Lonja de la Seda, una lonja gótica de mercaderes que la Unesco declaró Patrimonio Mundial en 1996. Guarda también el Tribunal de las Aguas, que se reúne cada jueves a las doce bajo la Puerta de los Apóstoles de la catedral para resolver los conflictos de riego de la huerta.
El vínculo de la familia con Bétera no se quedó en la masía. Su tía Zulema dirigía en 2013 el restaurante Masía Romaní, en el propio pueblo, según la entrevista de Sobremesa. Después, el local pasó a ser La Romana de Bétera, con Miguel Orero al frente y otro equipo en la cocina.
Con respecto a las trayectorias de cada uno, la carrera de Ana Duato empezó pronto, debutando en el cine en 1987 con ‘Madrid’, de Basilio Martín Patino, y después encadenó películas como ‘Un negro con un saxo’ o ‘El perro del hortelano’, de Pilar Miró. En televisión hizo ‘Brigada Central’, ‘Médico de familia’, ‘Querido maestro’ y ‘Mediterráneo’. En 1989 se casó con el productor Miguel Ángel Bernardeau, con quien tendría a Miguel. En 2001 llegó ‘Cuéntame cómo pasó’: durante 22 años y 413 episodios fue Mercedes, la madre de los Alcántara, hasta que la serie se despidió en 2023. Es además embajadora de buena voluntad de Unicef, cargo que, según el reportaje de origen, ocupa desde diciembre de 2000.
Miguel no siguió el camino de los fogones; en vez de eso, estudió arte dramático en Los Ángeles, en el Santa Monica College y en la American Academy of Dramatic Arts, y debutó en 2016 con un pequeño papel en ‘Cuéntame cómo pasó’, la serie de su madre. Dos años después llegó Guzmán Nunier en ‘Élite’, de Netflix, papel que interpretó en 32 episodios. Ya en 2024 fue Diego de la Vega en ‘Zorro’, y por ‘Querer’ recibió nominaciones a los Premios Feroz y de la Unión de Actores. En mayo de 2026 presentó en el Festival de Cannes ‘La bola negra’, de Los Javis. En ella interpreta a Rafael Rodríguez Rapún.
Bétera tiene más de 27.000 habitantes, y cerca del 78 % de su término sigue siendo tierra de cultivo, sobre todo naranjos, junto a algarrobos, olivos y almendros. Su historia es mucho más antigua que ese crecimiento reciente, pues hay un poblado íbero en Tos Pelat y, en l’Horta Vella, vestigios de un circuito termal romano. Además, la alquería islámica de Bofilla conserva su torre en pie.
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