Hay animales que llevan años con la etiqueta de “en peligro crítico” en los informes científicos y que, sin embargo, siguen pasando por la lonja con toda normalidad. La anguila europea es, probablemente, el ejemplo más claro, y en los ríos valencianos arrastra además un problema que se repite cada verano: el agua se va y ella se queda, según ha alertado colectivo Acció Ecologista-Agró.
Las pozas. El grupo ecologista ha puesto el foco en el Canyoles y el Albaida, dos de los principales ríos de la comarca de La Costera (Valencia), que han albergado históricamente poblaciones estables de este pez migratorio. Su seguimiento sobre el terreno ha documentado en los últimos años varios episodios de alta mortalidad, casi siempre en verano: algunos tramos pierden la continuidad, el río se convierte en un rosario de pozas aisladas y las anguilas quedan encerradas en ellas. Muchas mueren por falta de oxígeno o porque el agua se calienta demasiado.
La receta que propone Agró es simple: que las administraciones garanticen el caudal ecológico (el mínimo de agua fijado para que cada tramo de río siga vivo) durante los meses más secos. Un flujo constante, sostiene el colectivo, bastaría para que los peces no quedasen aislados en tramos sin salida.
Y no es una petición nueva. En agosto de 2024, la misma organización ya reclamó a la Confederación Hidrográfica del Júcar que hiciera cumplir ese mínimo en el Canyoles, después de que el río dejara de fluir en julio. A final de mes muchas pozas se habían secado y habían muerto barbos y anguilas. El caudal ecológico de ese tramo, entre Canals y l’Albaida, está fijado en 0,06 metros cúbicos por segundo, es decir, 60 litros por segundo. Ni eso corría.
La paradoja. La anguila europea no figura en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, de ahí que su pesca siga permitida, aunque con regulación y cupos. Para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en cambio, está en peligro crítico, la categoría más grave antes de la extinción en estado silvestre, una clasificación que arrastra desde 2008. La llegada de angulas a la península ha caído más de un 90% respecto a mediados del siglo pasado, así que no es que le quede poco para estar en peligro; para la ciencia ya lo está. Lo que le falta es la protección legal en España.
Las causas del desplome van más allá de la sequía, y entre las mas comunes hay presas, azudes, y otras barreras cortan el viaje de un animal que necesita moverse entre el río y el mar para cerrar su ciclo vital (se reproduce en el mar de los Sargazos, al otro lado del Atlántico), y muchos ejemplares nunca llegan. En algunos ríos y humedales valencianos, el exceso de nutrientes agrícolas provoca eutrofización, haciendo que las algas proliferen y consumen el oxígeno del agua. Y luego está la pesca de las angulas, las crías, con un valor económico altísimo que alimenta tanto el mercado legal como el tráfico ilegal hacia Asia.
¿Quién la frena? El Gobierno central ha intentado varias veces incluir la especie en el catálogo de fauna amenazada, lo que obligaría a prohibir su pesca. Varias comunidades autónomas, la valenciana entre ellas, se han opuesto por el impacto económico y cultural que tendría en las zonas donde la anguila forma parte de la tradición pesquera. La última reunión entre el Ministerio para la Transición Ecológica y las autonomías terminó con un solo acuerdo: el de crear un grupo de trabajo sobre la anguila y otras especies migratorias, como el salmón o el esturión.
Esa reunión se celebró el 17 de febrero de 2026. El Comité Científico del ministerio ya había avalado la catalogación en 2020 y volvió a recomendarla en marzo de 2024, sin que las comunidades le dieran la mayoría. Esta vez, como detalló el diario catalán NacióDigital, votaron en contra la Comunitat Valenciana, Baleares, Asturias, Galicia, Cantabria y Murcia, y la mayoría del resto se abstuvo. La Generalitat defendía compaginar protección y pesca limitada y recordaba que en l’Albufera sólo la cofradía de El Palmar tiene permiso para capturarla. Como contaban nuestros compañeros de Directo al Paladar el 19 de febrero de 2026, la vicepresidenta Sara Aagesen prometió seguir intentándolo.
Las cifras. la situación es peor de lo que sugiere ese 90%. El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES), que evalúa cada año el estado de la especie, recomendó para 2026 cero capturas de anguila en todas sus fases y hábitats, angulas incluidas, también las destinadas a repoblación o acuicultura. Su índice de llegada de angulas en 2025 se quedó en el 12,1% de la media de 1960-1979 en Europa (fuera del mar del Norte), y en el 0,7% en el mar del Norte, como resume la organización Fishsec. Traducido: donde antes llegaban 100 angulas, ahora llegan unas 12. En el mar del Norte, menos de una.
Lo inquietante es que la escasez hace el negocio más rentable. Un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y presentado en agosto de 2025 reconstruyó un siglo de precios: el kilo de angula pasó de menos de cinco euros en 1925 a rondar los 1.000 euros. “Con los precios actuales, casi cualquier captura de angula cubre los gastos de los pescadores”, explicaba Estíbaliz Díaz, investigadora del centro tecnológico AZTI y coautora. Miguel Clavero, autor principal, le ponía nombre: “Es el escenario esperable cuando se produce una espiral de extinción ligada al mercado”.
El negocio. Y donde hay precio, hay contrabando, pues desde 2010 la Unión Europea prohíbe comerciar con anguila europea fuera de sus fronteras, de modo que las angulas que acaban engordando en granjas asiáticas salen de tapadillo: vivas, en maletas, con hielo para frenarles el metabolismo y oxígeno para que aguanten el viaje. En el mercado negro, el kilo puede alcanzar los 6.000 euros, y el tráfico mueve hasta 2.000 o 3.000 millones de euros en los años de más actividad.
La vía internacional tampoco prosperó. En diciembre de 2025, en la cumbre de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) celebrada en Samarcanda, la propuesta de la UE y Panamá para controlar el comercio de todas las especies de anguila fue rechazada con un centenar de países en contra, Japón y China entre ellos. Mientras tanto, los científicos piden captura cero y el catálogo nacional sigue sin incluirla. En el Canyoles, cada verano, la pregunta es más básica, ¿quedará agua?
Foto | David Pérez (vía Wikimedia Commons CC-BY SA 3.0)
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