
Blanca Yamira, de 56 años, factura más de 4.000 euros en un buen mes cuidando bebés ajenos desde las nueve de la noche hasta las siete de la mañana
La frase del titular es de una abogada milanesa de 38 años que contrató a dos puericultoras incluso antes de dar a luz, según Corriere della Sera
Blanca Yamira cobra alrededor de 260 euros por jornada y no cuida a niños que se quedan solos en casa. Su trabajo empieza a las nueve de la noche, acaba a las siete de la mañana y consiste en atender al recién nacido cuando llora, mientras el padre y la madre duermen (de un tirón, con suerte). Es lo que se conoce como una night nanny.
Un turno: toda la noche. Este tipo de niñeras no cobran lo mismo ni tienen la misma experiencia, pero suelen compartir perfil: son puericultoras que van a casa de sus clientes, habitualmente entre las nueve de la noche y las seis o siete de la madrugada, para hacer dos cosas a la vez. Atienden al bebé. Y dejan descansar a los padres.
Yamira trabaja ahora para una familia de Lugano, en el cantón del Tesino (sur de Suiza), y bromea con que siempre está ahí, lista para actuar. Llega a última hora de la tarde, cambia el pañal, baña al bebé y hace guardia el resto de la noche, dándole el biberón si se despierta con hambre. A la madre solo la avisa si toca amamantar. Eso sí, la propia Yamira reconoce que el oficio se come la vida personal: durante años se ha despertado cada dos horas, incluso estando de vacaciones. A cambio gana más que cuando era empleada de un banco en Ecuador.
Italia y Reino Unido: oficio veterano. No es un caso aislado. Corriere también habla con Renata Wetter, de 61 años, que cobra 180 euros por noche y deja claro que ella no es una canguro ni una cuidadora cualquiera, porque, igual que Yamira, tiene formación en puericultura (la disciplina que estudia el crecimiento y el desarrollo de los niños). Trabajan en la misma región, aunque la figura se encuentra también en otros países de Europa.
Tampoco es una novedad. Ya en 2018 The Guardian hablaba de ellas con motivo del estreno de Tully, una película en la que Charlize Theron da vida a una madre agotada que acaba contratando a una niñera nocturna. Según el mismo diario, en Reino Unido ya era bastante fácil encontrarlas. De hecho, allí se fundó a finales de los noventa una agencia especializada. Su impulsora fue una madre que no encontraba a nadie para cuidar de noche, y en menos de una década gestionaba una red de 200 cuidadoras que habían atendido a más de 10.000 familias, con una tarifa nada barata de 155 libras (unos 175 euros al cambio de 2018).
Empresas y sueño: inversión. Lo que distingue a Yamira o a Wetter de una niñera convencional es que no solo velan por el descanso del bebé, sino también por el de unos padres a los que ahorran las noches de pañales y biberones. La promesa ha interesado ya a algunas empresas: Financial Times recogió en su día el caso de una startup londinense que paga el servicio a sus empleados, convencida de que el gasto compensa porque llegan a la oficina descansados y rinden más. Mantiene, eso sí, las bajas por maternidad remuneradas; la niñera nocturna es un extra.
Cuidar a recién nacidos y, sobre todo, a sus padres es un negocio en alza. Lo vemos con los hoteles de lujo para madres en China, y no sorprende demasiado si pensamos que dormir bien se paga: en una encuesta de 2018 para Estados Unidos, los participantes se mostraron dispuestos a pagar casi 300 dólares (unos 260 euros al cambio de entonces) por una noche de descanso perfecto.
Perfil de familia: salud mental. ¿Quién contrata a una niñera nocturna? ¿Solo las familias con mucho dinero? Pues las tarifas de Yamira no están, probablemente, al alcance de todos los bolsillos, aunque el servicio está más extendido de lo que parece. Eso sí, no todas las familias lo quieren durante meses: algunas se conforman con los primeros días del bebé.
Es el caso de la abogada milanesa de 38 años, que contrató a dos niñeras antes de dar a luz para tener ayuda durante la primera semana, cuando más va a necesitar dormir. Con su primer hijo, cuenta, su pareja le regaló un anillo; esta vez le pidió un regalo para toda la familia, contratar a una puericultora, y le dejó claro que no quiere sentirse anulada como persona ni verse obligada a levantarse ni una sola vez en toda la noche. Su madre puso reparos, pero ella dice no sentir "culpa alguna". Para ella, afirma, "es una cuestión de salud mental", y un entorno positivo beneficia al bebé.
La maternidad más tardía es el cambio de fondo. Lo interesante del fenómeno es que conecta con un cambio mayor en la maternidad y en los hogares. Los datos de Eurostat que recoge ConSalud, en marzo de 2026, indican que el tramo con más nacimientos pasó de los 25 a 29 años en 2004 a los 30 a 34 en 2024, y que los de mujeres de 35 años o más siguen al alza. Es fácil pensar que abundan más las primerizas con carrera asentada e ingresos para acceder a servicios nuevos, y que muchas se han mudado por trabajo y viven lejos de sus padres.
No es un fenómeno solo español ni europeo. Como decíamos, en China florece un negocio dedicado al cuidado de las mujeres durante el puerperio, las semanas posteriores al parto, con centros de lujo que cobran desde unos 10.900 dólares al mes (cifra de 2018 del South China Morning Post) hasta más de 50.000 euros por una estancia premium.
Imagen | Mike Patterson
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