
La Fiscalía pide un año y seis meses de prisión para el titular de la cuenta de BBVA que recibió el dinero, por un presunto delito de estafa informática
Las dos transferencias, de 460 y 455 euros, se autorizaron con claves que la mujer entregó creyendo que servían para cancelar operaciones fraudulentas
Hay una regla que casi todos damos por sabida: las claves del banco no se le dan a nadie. Y hay una llamada capaz de saltársela: la de quien dice telefonear justamente para protegerlas, o al menos eso es lo que sostiene la Fiscalía. Según la crónica de El Digital de Albacete, que ha tenido acceso al escrito de acusación, una mujer perdió 915 euros de su cuenta de Unicaja después de recibir un SMS y una llamada de alguien que se hacía pasar por empleado del banco.
Por esos hechos, un hombre se enfrenta a una petición de un año y seis meses de prisión por un presunto delito de estafa informática. El juicio, llamado a examinar el procedimiento abierto tras la denuncia de la perjudicada, se señaló para el miércoles 21 de octubre de 2026 en el Juzgado de lo Penal número 3 de Albacete, pero hasta donde hemos podido comprobar, no se ha dado a conocer su desenlace, así que no consta si ha recaído sentencia.
Pero ¿cómo se llega hasta ahí? Con un mensaje, ya que de acuerdo con el escrito de acusación, el 9 de febrero de 2023, hacia las 15:54 horas, la víctima recibió un SMS que le advertía de que un dispositivo no autorizado se había conectado a su banca por internet. Incluía un enlace para verificar su identidad que parecía de Unicaja (parecía, que no era). Se trataba de una dirección fraudulenta que imitaba a la entidad, y la mujer, convencida de que seguía un procedimiento de seguridad de su banco, entró. La acusación sostiene que esa acción permitió al acusado acceder a su banca electrónica, mientras que la Fiscalía añade que el procesado actuó por sí solo o de común acuerdo con otras personas que no han podido ser identificadas durante la investigación. Y entonces sonó el teléfono.
Quien llamaba se identificó como empleado de Unicaja Banco y le explicó que alguien intentaba acceder a su cuenta desde Madrid para hacer una operación. Con ese argumento trató de convencerla de que la llamada servía para impedir una estafa. Unos minutos después, mientras seguía al aparato, a la mujer le llegaron dos SMS más, cada uno con una clave de seguridad para autorizar transferencias. A esas alturas, sólo faltaban los códigos.
El supuesto empleado se los pidió, le dijo que debía facilitárselos para cancelar las dos operaciones fraudulentas que alguien estaba intentando hacer. Ella, creyendo que hablaba con un trabajador auténtico y que las claves protegerían su dinero, se las proporcionó, con los que el presunto estafador pudo autorizar las transferencias que la víctima pensaba estar cancelando.
La primera fue de 460 euros y la segunda de 455: 915 euros en total, enviados a una cuenta de BBVA cuyo titular es el hombre que se enfrenta al procedimiento. La Fiscalía mantiene que después dispuso de ese dinero y lo incorporó a su patrimonio, con el consiguiente beneficio económico ilícito. El caso gira, por tanto, en torno a una modalidad de fraude que combina la suplantación de un banco, mensajes con aspecto de aviso de seguridad y una llamada para que sea el propio cliente quien facilite las claves.
En cuanto a la calificación, el Ministerio Fiscal considera que los hechos son un delito de estafa en concurso de normas con un delito de estafa informática, previstos en los artículos 248 y 249 del Código Penal en el BOE. Atribuye al procesado la condición de autor y señala que no concurren circunstancias modificativas de su responsabilidad. Pide un año y seis meses de prisión, la inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo (el de ser elegido para cargos públicos) durante la condena y el pago de las costas. En concepto de responsabilidad civil reclama que indemnice a la perjudicada con 915 euros más los intereses legales.
El acusado carecía de antecedentes penales cuando ocurrieron los hechos, y corresponde al órgano judicial determinar su responsabilidad penal tras examinar las pruebas y escuchar a las partes. El caso es que una llamada para proteger las claves desembocó en dos transferencias con ellas, y con un desenlace en lo penal todavía por conocer.
Foto | Wikimedia Commons (CC BY-SA 1.0)
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