
Lleva 12 años en Solanell, en el Alt Urgell, adonde llegó tras perder la visión de un ojo y quedarse sin trabajo
Su testimonio defiende la soledad elegida y una vida con muy pocos gastos
Tomàs Ballesté tiene 64 años, vive en un pueblo del Pirineo que se quedó vacío hace décadas y cubre sus gastos con un subsidio de 480 euros al mes. Como señala un reportaje del canal de YouTube Monxileros publicado el 7 de junio de 2026, Tomàs cuenta cómo acabó instalado en Solanell, en el Alt Urgell, y por qué no piensa moverse de allí, y lo más llamativo: dice sentirse más feliz que nunca.
¿Cómo llegó hasta allí? Por un golpe de mala suerte. Tomàs se quedó ciego de un ojo y, según relata en el vídeo, uno de los dos socios de la empresa en la que trabajaba decidió prescindir de él en lugar de apoyarle. Por entonces se había ido a vivir a Girona, donde residía su hija. “Llegué aquí con 52 y ahora tengo 64” dice, o sea que lleva 12 años en el pueblo, algo más de una década.
Fue su hermano quien le habló de Reviure el Solanell, el proyecto cooperativo con el que el arquitecto tarragonés Saül Garreta quería rehabilitar las casas del pueblo y devolverle la vida, tal y como explicaba Surt de Casa en un reportaje de 2017 sobre Solanell. Tomàs vio ahí la oportunidad de empezar de cero: rehabilitar una casa e instalarse para quedarse.
Solanell, situado en el municipio de Montferrer i Castellbò, llegó a tener unos 200 habitantes, según el mismo reportaje de Surt de Casa, antes de quedar despoblado. El proyecto de recuperación aspiraba a atraer nuevos vecinos, pero no ha conseguido llenar el pueblo (y el propio Tomàs reconoce que le gustaría “que hubiera más gente”). El vídeo lo presenta como alguien que vive completamente solo y Regió7 lo describe como el único habitante del pueblo. Ahora bien, el Idescat (Instituto de Estadística de Cataluña) contabilizaba cinco personas empadronadas en Solanell a 1 de enero de 2025, así que lo de “único habitante” no es un dato oficial.
¿Y no se le hace cuesta arriba? Ni mucho menos. “La soledad es un elemento que te ayuda a reflexionar, a pensar, a desfragmentar el cerebro”, explica. Lo que sí distingue es esa soledad elegida, “una soledad querida”, del aislamiento: “Lo malo es cuando una persona está aislada y no es este lugar, porque aquí no siento el aislamiento”.
La cuestión del dinero es la que más llama la atención. Reconoce que “es cierto que tengo el subsidio contributivo, 480 euros, y con eso tienes que subsistir”, pero el truco está en que en Solanell apenas hay en qué gastarlo, ya que añade que “no tienes ningún bar, ninguna historia en el cual tengas que gastar”. Lo cual no quiere decir que sea fácil vivir con unos ingresos tan ajustados: él mismo admite que “haces mil cosas” para salir adelante.
Una de ellas es trabajar cuando surge la ocasión. Por ejemplo, su primer empleo en la zona fue en el archivo comarcal, y ve en internet una buena herramienta para que otras personas puedan instalarse en estos pueblos sin renunciar a ganarse la vida, “ya sea haciendo páginas webs en venta de productos naturales o páginas webs para refugios o lo que fuera”.
Eso sí, a quien se lo esté pensando le deja un aviso, “esto no va de escapar”. Quienes vienen a vivir a estos lugares“han de tener muy claro que se ha de venir a vivir, no a huir, a construir algo, y eso es fundamental”.
Vivir solo tampoco significa vivir incomunicado. “En cualquier momento me llama mi hija, me puede hablar un amigo”, cuenta. Es más, cree que en la ciudad hay más soledad de la que parece. “Podéis ver muchísima gente aislada pidiendo ayuda y pasamos y son gente que se hacen invisible”, recalca. En Solanell, dice, eso no ocurre.
Lo que sí le inquieta es el relevo, pues según sus propias cuentas, en toda la zona son “200 y pico de personas” y la inmensa mayoría tiene más de 60 años. Así que la gran pregunta queda en el aire: ¿Qué será de estos pueblos dentro de unos años? Para Tomàs, la respuesta pasa por abrir la puerta a gente de fuera dispuesta a hacerse un hueco. Si no, advierte, “todos estos lugares se perderían”.
Pese a todo, no se plantea hacer las maletas. “La felicidad te la da el estar bien en un entorno en el cual tú haces y desarrollas las cosas según te van viniendo”, reflexiona. Hace muchos años, añade, se grabó la palabra felicidad en la frente y en el corazón, y no está dispuesto a que nadie se la borre.
Su experiencia no es una fórmula que sirva para todo el mundo, ni esconde lo complicado que es vivir con tan poco. Pero Tomàs sigue convencido de que la vida quizás es más sencilla de lo que nos vendieron, y la suya, de momento, sigue en Solanell.
Foto | Monxileros (vía Youtube)
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