
La candidata de Podemos a las generales del 29 de noviembre nació en el barrio madrileño de La Elipa, pero pasó los veranos en un pueblo de Ávila, en casa de sus abuelos
Allí la cuidaba su abuela, con la que iba a la iglesia y que le enseñó a rezar
Irene Montero fue monaguilla. Lo contó ella misma en una larga conversación con Pablo Tallón para ‘Políticos en Bermudas’, la sección de verano de ‘Hora 25’, que la Cadena SER publicó en su canal de YouTube el 29 de julio de 2026. Aquella charla se está recuperando para la precampaña al ser la eurodiputada la candidata de Podemos a las elecciones generales del 29 de noviembre.
Desembarcó en Podemos tras las europeas de mayo de 2014 y al año siguiente ya era diputada, según recordaba Moncloa.com. Fue nombrada ministra de Igualdad en enero de 2020. En 2023 se quedó fuera de las listas para las generales del 23 de julio, lo que cerró su etapa en el Congreso, y en noviembre de ese año entregó la cartera a Ana Redondo. Desde las europeas de junio de 2024 ocupa un escaño en el Parlamento Europeo.
Así las cosas, vuelve a la política nacional: las primarias de Podemos de octubre la respaldaron como candidata a la Presidencia del Gobierno y número uno por Madrid. La convocatoria de estas generales la publicó el Boletín Oficial del Estado (BOE) el 6 de octubre. Montero concurre con un proyecto propio, al margen del Frente Amplio, la coalición que impulsan Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid y los Comuns. En Cataluña, Podemos ha pactado con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) contribuir a su candidatura, en lo que Público describe como un pacto de “colaboración” entre Montero y Gabriel Rufián. La Irene Montero de la SER, en cambio, es otra.
Nació en La Elipa, donde vivió hasta que sus padres se mudaron a Ciudad Lineal, pero los veranos eran del pueblo. Su padre era de uno “muy pequeñito de Ávila”, y allí pasó todos los veranos de su infancia. El Español sitúa esos veranos en Tormellas, en casa de sus abuelos. Tallón resumió aquella época como “esos veranos salvajes de llegar, irte a la calle y no volver hasta la hora de dormir”. Ella habló de “muchas primeras cosas”.
¿La razón de tanto pueblo? El trabajo. “Mis padres trabajaban en verano y mi padre todo el verano tenía menos vacaciones. Mi madre era ya profe, pero aun así el mes de julio yo no tenía clase y ella tenía que trabajar”, explicó. Así que se iba a Ávila con los abuelos, aunque “quien se ocupaba era mi abuela y mi tía y mi tío”.
Esa abuela es también la protagonista de su relación con la fe. Preguntada por si alguna vez creyó en Dios, Montero respondió que no, “pero sí me he criado en una familia creyente y practicante”. Hizo la comunión y, según contó, “iba a la iglesia regularmente con mi abuela en el pueblo”. Plus: “Era monaguilla en la iglesia de mi pueblo”.
Cuando Tallón le preguntó si se había visto “haciendo carrera” por ese camino, lo descartó: “Nunca me vi”. Pero algo quedó de la liturgia y del ritual. “Claro que eso forma parte de mi educación”, admitió. De hecho, se sabe el padrenuestro y lo vincula a su abuela, que le decía: “Vamos a rezar por la noche”.
Con los años llegó la conversación pendiente. Cuando se fue haciendo mayor, le explicó que no creía, y su abuela “se decepcionó”, aunque, en palabras de Montero, “lo asumió”.
Con tres hijos (los mellizos Leo y Manuel nacieron en 2018 y Aitana, en agosto de 2019), el pueblo le queda más lejos. Reconoce que hace muchos años que no ve a parte de aquellos amigos, aunque “guardo mucho cariño a toda esa gente con la que hemos crecido juntas”. Volver es “un debe que tengo ahí”, dijo, porque “con tres hijos pequeños es más difícil organizarse para tener tanta presencia como he tenido en mi infancia en el pueblo”.
Foto | Trendencias
Ver todos los comentarios en https://www.thewatmag.com
VER 0 Comentario