Los meteorólogos avisan: en 20 años el verano en España podría durar cinco meses y comerse a la primavera y al otoño

Posible Verano De Seis Meses
  • Es solo una previsión teórica podría ser una realidad dentro de dos décadas, aunque no hay expertos que lo respalden

  • La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) sí documenta que el verano ya dura de media un mes más que antaño, aunque pide cautela

Cuatro estaciones, tres meses por barba: así nos enseñaron el calendario. El termómetro, sin embargo, lleva tiempo leyendo otra cosa, y hay un hipotético pronóstico que pone cifra a ese desajuste: dentro de unas dos décadas, y debido al cambio climático, el verano en España alcanzaría los cinco meses de duración a costa de la primavera y el otoño. Pero ojo, que de momento es solo una proyección. 

De acuerdo a un análisis del blog de AEMET, firmado por el meteorólogo Benito Fuentes López (6 de julio de 2024), concluye que, de media, los veranos actuales son un mes más largos que los de antaño, y que ese avance se lleva días de la primavera y del otoño. Ese mismo análisis, no obstante, no ofrece una proyección a 20 o 30 años y pide extrema cautela al extrapolar, porque el alargamiento no es lineal ni monótono.

Varios medios han señalado el verano más reciente (2026) como posible anticipo. Según el balance de AEMET del 21 de septiembre de 2026, fue el más cálido desde el inicio de la serie oficial, en 1961 (y desde al menos 1869 en la serie reconstruida), con 24,5 ºC de media en la España peninsular, 2,4 ºC más que en el periodo 1991-2020. Las condiciones plenamente veraniegas, además, se prolongaron cuatro meses: un mes más que la estación en el calendario.

Para las próximas dos décadas, es teóricamente posible que un verano arranque antes y se retire más tarde, con una primavera y un otoño reducidos a periodos de apenas unas semanas, y un salto más brusco del frío invernal al calor intenso, sin los meses de tregua que daban un respiro a los ecosistemas (hasta el paisaje echaría de menos la primavera).

Entre las consecuencias que habrían, estaría un notable impacto en la biodiversidad, la agricultura y los recursos hídricos, con floraciones prematuras y cambios en las rutas migratorias. También habría sequía, los embalses estarían más vacíos, y del mismo modo aumentaría el riesgo de incendios forestales. Con respecto al turismo y la sanidad, por el aumento de golpes de calor y deshidratación. Julio y agosto serían los peores meses, tanto para vecinos como para visitantes, y las temporadas turísticas altas y bajas podrían cambiar, porque visitar ciudades en plena ola de calor se antoja complicado. Aunque quede un trecho para que estas predicciones sean plausibles  y haya tiempo para prepararse, dos décadas pasan volando.

Foto | Meteored

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