
El experimento de Kioto nos ayuda a entender que no siempre es culpa de ser tímidos
Es lógico que tú también lo pienses: siempre se ha considerado que si desvías la mirada en mitad de una frase o conversación es por timidez, desinterés o mala educación. Pero ahora sabemos que ya no sólo es por eso. La psicología experimental ofrece otra explicación, compatible con las anteriores: sostener la mirada de otra persona consume recursos mentales, y el cerebro la suelta cuando necesita pensar.
No es un hallazgo reciente ni una prueba de que la timidez no influya. Es una línea de investigación con más de medio siglo de recorrido que explica por qué miramos al techo, al suelo o a un punto cualquiera antes de responder a una pregunta difícil.
El experimento de Kioto
Vayamos al estudio más citado: lo firmaron Shogo Kajimura y Michio Nomura, de la Universidad de Kioto, y se publicó en 2016 en la revista Cognition. Participaron 26 voluntarios.
Cómo funcionaba: Cada participante miraba en una pantalla el rostro de otra persona. Unas veces, esa persona animada le devolvía la mirada y otras la desviaba. Mientras tanto oía un sustantivo y debía responder con un verbo relacionado. Algunas palabras eran fáciles, admiten pocas respuestas: con "cuchillo" se dice "cortar" o "apuñalar". Otras eran difíciles, porque obligan a elegir entre muchas: una "carpeta" se abre, se cierra o se llena, según el ejemplo que recoge ScienceAlert.
Mirar a los ojos es un freno: El resultado fue claro, pero más estrecho de lo que suele contarse. Los participantes tardaban más en responder cuando había contacto visual, aunque solo con las palabras difíciles. Con las fáciles no había diferencia.
Competimos con nosotros mismos: De ahí la interpretación de los autores: el contacto visual no interfiere con el lenguaje en sí. Compite con él por un mismo recurso general de control cognitivo, y esa competencia solo se nota cuando la tarea verbal exige mucho.
No sólo en conversaciones
En 1998, Arthur Glenberg, Jennifer Schroeder y David Robertson publicaron en Memory & Cognition cinco experimentos con adultos. Su idea era poder entender el valor de la mirada, y las razones de que, a veces, apartasemos la vista.
Lo que descubrieron fueron tres aspectos diferentes:
- La gente desvía más la mirada cuanto más difícil es la pregunta;
- ese gesto no se explica solo por la vergüenza;
- y, además, nos funciona a todos, porque quienes apartan la vista responden mejor.
Es lo que después llamaron "hipótesis de la carga cognitiva": mirar hacia otro lado sirve para desconectar del entorno y dedicar más recursos a pensar.
Revisando a los niños
Para entender si el gesto es cognitivo o social Gwyneth Doherty-Sneddon y Fiona Phelps quisieron probarlo directamente con niños. Interrogaron a 36 escolares de ocho años, unos cara a cara y otros por videoconferencia, con preguntas de distinta dificultad. Los niños apartaban más la mirada en persona que por vídeo, pero la dificultad de la pregunta pesaba mucho en ambos casos.
La conclusión del estudio es la que mejor resume el estado de la cuestión: los factores sociales influyen, pero la función principal del gesto es gestionar la carga mental. Prácticamente el mismo equipo (Doherty-Sneddon con otros coautores) había comprobado antes que este patrón adulto ya está adquirido a los ocho años.
Pero la mirada cambia cuando somos más
La mirada también organiza los turnos de palabra en una suerte de coreografía donde no sólo es la timidez la que influye. En 2021, Ziedune Degutyte y Arlene Astell publicaron en Frontiers in Psychology una revisión de 29 artículos científicos sobre la mirada en conversaciones de adultos sanos.
Sus conclusiones son consistentes pese a la variedad de métodos. La mirada sirve para darle a otra persona el turno de hablar, también para que comprobemos cómo está recibiendo nuestro interlocutor lo que estamos diciendo. Y, por supuesto, para evitar malentendidos, repararlos mientras aparecen o minimizar las interrupciones.
Sobre cómo se inicia un turno de palabra, en cambio, los resultados son menos claros. El patrón de fondo lo describió Adam Kendon en 1967 y esta revisión lo recoge: quien habla tiende a apartar la vista al empezar, mientras planifica lo que va a decir, y vuelve a mirar a su interlocutor al terminar. Quien escucha mira más y durante más tiempo.
Las cifras varían mucho de un estudio a otro. Según datos clásicos que recoge un trabajo publicado en PLOS ONE, los hablantes miran a su interlocutor entre el 20 % y el 65 % del tiempo, y los oyentes entre el 30 % y el 80 %. según
La timidez también cuenta: ansiedad social y cultura
Nada de lo anterior descarta la explicación emocional. El miedo al contacto visual y su evitación son rasgos descritos en el trastorno de ansiedad social, y se asocian con su gravedad, según el equipo de Franklin Schneier, de la Universidad de Columbia.
La relación tampoco es automática. Los estudios que observan la conducta real, en lugar de preguntar por ella, han dado resultados dispares. Uno de 2017 halló que las personas con ansiedad social miraban menos a los ojos en una conversación planteada como conflicto.
La cultura añade otra capa. Un estudio de PLOS ONE comparó a participantes japoneses y finlandeses ante un rostro que les miraba de frente. La reacción fisiológica fue la misma en ambos grupos, pero los japoneses valoraron esa cara como más enfadada y menos accesible.
Los autores concluyen que las diferencias en el contacto visual nacen de normas culturales, no de la biología. Sostener la mirada no significa lo mismo en todas partes.
Cómo interpretar el gesto
La lectura más prudente es que apartar la vista no dice gran cosa por sí solo. Si ocurre justo antes de una respuesta difícil y la persona vuelve a mirar al terminar, lo más probable es que esté pensando.
Para quien pregunta, en una entrevista de trabajo, un examen oral o un aula, la consecuencia práctica es sencilla: exigir que nos miren a los ojos mientras piensan puede empeorar la respuesta. Y dar unos segundos de silencio suele mejorarla. No presiones a las personas que lo hacen.
Fuentes
- Kajimura, S. y Nomura, M. (2016). When we cannot speak: Eye contact disrupts resources available to cognitive control processes during verb generation. Cognition, 157.
- Glenberg, A. M., Schroeder, J. L. y Robertson, D. A. (1998). Averting the gaze disengages the environment and facilitates remembering. Memory & Cognition, 26.
- Doherty-Sneddon, G. y Phelps, F. (2005). Gaze aversion: A response to cognitive or social difficulty? Memory & Cognition, 33.
- Degutyte, Z. y Astell, A. (2021). The Role of Eye Gaze in Regulating Turn Taking in Conversations. Frontiers in Psychology, 12.
- Ho, S., Foulsham, T. y Kingstone, A. (2015). Speaking and Listening with the Eyes: Gaze Signaling during Dyadic Interactions. PLOS ONE.
- Schneier, F. R. y otros (2011). Fear and avoidance of eye contact in social anxiety disorder. Comprehensive Psychiatry, 52.
- Akechi, H. y otros (2013). Attention to Eye Contact in the West and East. PLOS ONE, 8.
- British Psychological Society, Research Digest (2016). Why it's hard to talk and make eye contact at the same time.
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