
Comenzó como una forma de sobrevivir al hastío de la pandemia, ahora es el gran cambio proyecto vecinal
Jill Mather se jubiló en 2019 tras 45 años trabajando. Fue una mala época porque, al dejar de trabajar, descubrió que no tenía amigos en su barrio, Chatsworth, en el Valle de San Fernando (Los Ángeles). Había trabajado durante décadas en restaurantes, con semanas de hasta 80 horas, y pensaba dedicar el retiro a viajar y descansar. La pandemia lo impidió.
Empezó a caminar cada mañana y a fijarse en lo que había en las aceras: latas, botellas, desperdicios. Cogió unas bolsas y se puso a recogerlos. Después publicó un mensaje en la red vecinal Nextdoor invitando a quien quisiera a acompañarla. No esperaba nada, pero lo que surgió es el gran movimiento vecinal.
El nacimiento de una nación: El mismo día del anuncio se presentó una docena de personas, que limpiaron un parque cercano. De ahí salió Volunteers Cleaning Communities (VCC), constituida formalmente en enero de 2021. Hoy, según Los Angeles Times, es uno de los mayores grupos de limpieza de la ciudad: sus miembros, en su mayoría jubilados de entre 60 y 80 años, salen seis días por semana por el oeste del Valle. Han surgido grupos derivados en el Valle Este, Brentwood y Santa Mónica, con unos 250 miembros en total y un boletín que llega a 3.000 personas.
La alucinante cifra: Mather afirma que en seis años los voluntarios han retirado casi 750.000 libras de basura, unos 340.000 kilos, sin contar los objetos voluminosos que dejan apartados para los servicios municipales. El dato lo da la organización y no hay modo de verificarlo independientemente, pero equivaldría a unas 57 toneladas al año.
Mucho más que ir por la calle: El trabajo no se limita a las aceras. Los voluntarios suben con un camión a las montañas de Santa Susana para retirar motos y lavadoras abandonadas. En 2022, el grupo había adoptado además un tramo de 5,6 kilómetros de la autopista 118, entre Tampa Avenue y Balboa Boulevard, en colaboración con Caltrans, el departamento de transporte estatal. Ese mismo año, unos 250 voluntarios limpiaron en una sola jornada 26 kilómetros de Ventura Boulevard.
Montañas de basura: La acumulación de residuos en Los Ángeles creció con la crisis de personas sin hogar, y el ayuntamiento redujo la limpieza viaria durante la pandemia por falta de personal. Mather sostiene que los servicios de saneamiento carecen de recursos para controlar el volumen diario de desechos, y que las jornadas mensuales de limpieza impulsadas por la alcaldesa Karen Bass no bastan para las zonas más degradadas. Aun así, evita señalar culpables. «Queremos que nuestras comunidades se vean bien», dijo al diario angelino. El concejal John Lee, que representa al oeste del Valle, atribuye al grupo que su distrito esté más limpio que otras partes de la ciudad.
Un vínculo real: El ejemplo de Jill Mather no es un caso aislado. Tras años de trabajar, de cuidar a familiares o de enviudar, los voluntarios dicen que el grupo les da un propósito y les saca de la soledad. Mather organiza una noche de juegos cada tres meses y una celebración mensual de cumpleaños. No todo el mundo entiende lo que hacen: a veces los toman por gente que ha cometido delitos y han sido condenados a servicios comunitarios.
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