La frase de Freud sobre la protección de un padre que triunfa en redes no hablaba de crianza, hablaba de Dios

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  • Sigmund Freud la escribió para explicar el origen de la religión, como respuesta a una carta del escritor Romain Rolland

  • Lo que dijo en realidad, cómo se convirtió en consejo para padres, y qué sabe hoy la investigación sobre el papel paterno

"No hay necesidad en la infancia tan fuerte como la protección de un padre". Es una frase -atribuida a Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis- que lleva meses saltando de un medio a otro y de una red social a la siguiente, casi siempre leída como una lección de crianza: el niño necesita a alguien que lo cuide y le ponga límites, y esa experiencia le acompaña toda la vida. Quienes la comparten la sitúan, con razón, en 'El malestar en la cultura', el ensayo que Freud publicó en 1930. Pero ojo, la frase tiene trampa.

La lectura que circula parte de una idea que sí es de Freud: la indefensión infantil. Un niño pequeño depende de los adultos para alimentarse, cuidarse, orientarse y protegerse, y todavía no tiene recursos para plantar cara a lo que le asusta, sea la oscuridad o una enfermedad. En ese escenario, el padre aparece como la figura capaz de enfrentarse a lo que el pequeño percibe como peligroso. No hace falta que sea invulnerable ni perfecto (y aquí está el matiz): basta con que transmita la idea de que el niño no está solo. Con estas pautas, la protección va más allá de la defensa física y se convierte en una experiencia emocional que vuelve el mundo menos amenazante.

Esa lectura encaja con lo que describe Dorothea Kay Stone en un artículo de 2008 sobre el papel del padre (publicado por la consulta neozelandesa Auckland Therapy): el padre ofrece apoyo físico y emocional, protege la relación entre la madre y el bebé, y anima al pequeño a tolerar la frustración. Citando la teoría del apego, Stone lo presenta como una figura de apego alternativa y "un puente hacia el mundo exterior", alguien que ayuda al niño a separarse de la madre y a ganar autonomía. De ahí la paradoja que sostiene que proteger también es preparar para la independencia. Un padre suficientemente bueno no elimina los obstáculos, pero da el respaldo necesario para que el niño los afronte poco a poco.

Lo que Freud escribió de verdad

Pero insisto en que hay una trampa. En 'El malestar en la cultura', la frase no es un consejo a los padres: es una pieza del razonamiento con el que Freud explica de dónde sale la religión. En la traducción inglesa autorizada de 1930, firmada por Joan Riviere, Freud deriva la necesidad religiosa del sentimiento de desvalimiento del niño, que en el adulto se mantiene vivo, por "el miedo a lo que traerá el poder superior del destino". Y remata señalando que "No podría señalar ninguna necesidad de la infancia tan fuerte como la de la protección de un padre".

En el capítulo siguiente cierra el círculo: el hombre corriente, no puede imaginar la Providencia "de otra forma que como la de un padre muy engrandecido". Es decir, un padre celestial todopoderoso. La versión que circula recorta ese "no podría señalar", que es casi una admisión de quien argumenta, y la convierte en una sentencia sobre la crianza.

Si el archiconocido psicoanalista se puso a hablar de todo esto fue por una carta. El escritor Romain Rolland le escribió el 5 de diciembre de 1927, después de leer 'El porvenir de una ilusión', (ensayo que Freud había dedicado ese año a la religión. Rolland le decía que compartía por completo sus ideas sobre la religión, pero le reprochaba no haber entendido de dónde nace el sentimiento religioso: una sensación "como de algo ilimitado, sin fronteras, algo 'oceánico'". Freud abre su libro de 1930 con esa carta y con una confesión que desliza casi de pasada que "No logro descubrir en mí ese sentimiento 'oceánico'". La frase de la protección del padre es, literalmente, su contraargumento, y es que para él, la raíz era el niño que se sabe pequeño y busca a su padre.

Lo cierto es que la frase ha recorrido medio mundo con ese contexto ya amputado. The Daily Galaxy la publicó el 17 de abril de 2026 en una versión inglesa más libre, situada en 'El malestar en la cultura' pero leída en clave de seguridad emocional y sin una palabra sobre la religión. Ocho días después, La Nación la reproducía ya en la forma "No hay necesidad en la infancia tan fuerte...", sin nombrar la obra. En mayo llegó al diario argentino Los Andes. Suma y sigue.

Freud y su propio padre

Lo curioso es que Freud sabía bien de qué hablaba. Su padre, Jacob Freud, murió en Viena el 23 de octubre de 1896, a los 80 años y tras cuatro meses de enfermedad, como recuerda la web de la PBS sobre el joven Freud. "Ahora me siento del todo desarraigado", confesó entonces. Doce años más tarde, en el prólogo a la segunda edición de 'La interpretación de los sueños', firmado en Berchtesgaden en el verano de 1908, reconoció que el libro había sido parte de su autoanálisis y una reacción a esa muerte, "el acontecimiento más significativo, la pérdida más honda, en la vida de un hombre", según la traducción inglesa de 1913.

Hoy en dia la investigación señala algo bastante más modesto que Freud, pero con datos. Una revisión de estudios longitudinales dirigida por Anna Sarkadi y publicada en 2008 en la revista Acta Paediatrica analizó 24 artículos aparecidos entre 1987 y 2007, con unos 22.300 conjuntos de datos individuales. Según la nota de prensa de la revisión, los hijos con una figura paterna implicada de forma activa y regular muestran menos problemas de conducta, sobre todo los chicos, y menos problemas psicológicos, sobre todo las chicas jóvenes. Ese contacto se asocia además con un mejor desarrollo cognitivo y, en familias con pocos ingresos, con menos delincuencia. "En general, los niños obtienen beneficios" si tienen esa implicación activa y regular de una figura paterna, resumía Sarkadi.

Aunque es mejor no mezclar planos, sin ir más lejos, en mayo de 2016, Xataka recordaba quién fue realmente Freud y concluía que el psicoanálisis, una teoría de la mente del siglo XIX, no llegó a ser la revolución científica que prometía y acabó frenando el avance de la psicología. Luego, la frase tiene más de hipótesis sobre la religión que de hallazgo sobre la crianza. Quizás suene a matiz académico, pero cambia lo que uno cree estar compartiendo.

En España, además, la protección de un padre tiene desde el verano de 2025 su propio número en el BOE. El Real Decreto-ley 9/2025, en vigor desde el 31 de julio de 2025, sumó tres semanas al permiso por nacimiento y lo dejó en 19 para el progenitor distinto de la madre biológica, las mismas que el de la madre. Seis son obligatorias e ininterrumpidas tras el parto, y dos pueden guardarse hasta que el hijo cumpla ocho años. Esas dos valen también para los nacidos desde el 2 de agosto de 2024 y pueden pedirse desde el 1 de enero de 2026. Es decir, tiempo para esa implicación activa y regular que la revisión de Sarkadi asocia con mejores resultados.

Foto | Vitaly Gariev (vía Unsplash)

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