Una jubilada de 77 años, sola y viuda desde hace cinco años: "Gasto unas 50 libras a la semana en gasolina, que es más de lo que gasto en comida"

Jubilada Gasta Mas En Gasolina Que En Comida
  • Elaine Yates vive en un pueblo de Northamptonshire (Inglaterra) y necesita el coche porque tiene artritis y no puede caminar mucho

  • Su testimonio ilustra un estudio de la Joseph Rowntree Foundation sobre los hogares británicos con menos ingresos

Elaine Yates tiene 77 años, vive sola en un pueblo del condado inglés de Northamptonshire y enviudó hace cinco años, después de pasar dos décadas cuidando a tiempo completo de su marido. Desde entonces sus cuentas van “extremadamente justas” y la gasolina ya se lleva más dinero que la propia comida. “Gasto unas 50 libras a la semana en gasolina, que es más de lo que gasto en comida“, reconocía en un reportaje de la BBC sobre el coste de la vida. Son algo menos de 59 euros a la semana, y es lo que suponen esas 50 libras al cambio de referencia del Banco Central Europeo de ese mismo 21 de julio (0,85205 libras por euro).

Si no deja el coche aparcado es porque, sencillamente, no puede. Para ella, “son tiempos muy duros, no solo para mí, sino para miles de personas más. Mi coche me cuesta un ojo de la cara” mientras añade que “Los precios del combustible vuelven a dispararse y vivo en un pueblo, así que necesito coche porque tengo artritis y no puedo caminar mucho”. Es un gasto en el que apenas tiene margen para recortar, además de que las subidas de precios la han afectado especialmente desde que murió su marido.

Eso sí, el coche no lo usa solo para ella. Elaine suele llevar a otros vecinos del pueblo que no tienen forma de desplazarse, pero el problema llega al bajarse, porque una vez en las tiendas no puede comprar como los demás. “Tengo una amiga que se compra ropa y yo me quedo sentada fuera de la tienda porque no puedo permitirme entrar”, cuenta, y esa situación es tan aguda que ya ni se acuerda de la última vez que se permitió un capricho.

En la cocina la cosa no mejora (más bien al contrario). Admite que no se cuida como debería y, como con los caprichos, tampoco recuerda “la última vez que encendí el horno”. Tiene una freidora de aire, pero calcula que la usó por última vez hace unas tres semanas. ¿Su menú? Un par de tostadas, dos Weetabix y fruta, según lo que le explicó a la cadena británica. Con el frío llega otro capítulo, y es que en invierno apenas enciende la calefacción y, cuando lo hace, deja el termostato en unos escasos 13 grados. Es otra de las formas que tiene de que le cuadren las cuentas.

Lo cierto es que el caso de Elaine no es una rareza. La BBC lo usa para ilustrar el seguimiento del coste de la vida de la Joseph Rowntree Foundation (JRF), una organización benéfica británica contra la pobreza. Según ese informe, difundido en julio de 2026, el 62% de los encuestados de hogares con menos ingresos no había podido pagar al menos un producto o gasto esencial en los seis meses anteriores. A escala nacional equivale a unos 7,4 millones de familias, la cifra más alta desde que la fundación arrancó la encuesta en 2021, frente a los 7,1 millones de un año antes.

Casi la mitad de los encuestados (el 47%, según el mismo informe) había pasado hambre, reducido las raciones o se había saltado comidas en los 30 días previos por no tener dinero suficiente para comer. La encuesta, recoge la propia JRF en su metodología, se hizo entre el 7 de mayo y el 5 de junio de 2026 a 4.121 adultos del 40% de hogares británicos con menores ingresos.

Vivir en un pueblo con un presupuesto tan ajustado añade además una dificultad más. Elaine puede apretarse el cinturón con la calefacción, la ropa e incluso la comida, pero con el coche... es otra historia. Sin él, la artritis y las distancias limitarían todavía más su autonomía. Por eso sigue apartando cada semana esas 50 libras para el depósito, aunque eso suponga gastar más en gasolina que en comer.

Foto | Engin Akyurt (vía Unsplash)

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